Breve historia del swing

La música Swing, también conocida como Swing Jazz o simplemente Swing, es un estilo de jazz que se originó en los Estados Unidos a finales que los años 20 y que se convirtió en uno de los géneros musicales más populares y exitosos del país durante la década del 1930.

El Swing utiliza los instrumentos habituales del jazz: una sección rítmica formada por piano, contrabajo y batería, metales como trompetas y trombones, vientos como saxos y clarinetes y, muy ocasionalmente, instrumentos de cuerda como el violín o guitarra. El Swing utiliza preferentemente tiempos medios y rápidos, generaliza los riffs melódicos y libera la batería de algunas restricciones que había sufrido hasta entonces.

La formación característica del estilo fue el de la Big Band, que fue adquiriendo cada vez más importancia el papel del solista. Destacan en este estilo músicos como Fletcher Henderson, Benny Goodman, Duke Ellington o Count Basie.

Elementos innovadores de la música swing

El Swing es un estilo de jazz básicamente orquestral, influenciado en mayor parte por la música europea. Destaca por haber aportado al jazz todo un seguido de innovaciones conceptuales importantes, como por ejemplo la de incrementar el nombre de miembros de las formaciones al duplicar los instrumentos.

Otra característica es el hecho que la batería sea el único instrumento con una función totalmente rítmica, lo cual proporciona una relevancia especial en el motor de todo el conjunto. Otros aspectos a destacar tienen que ver con la revalorización de los temas melódicos, que establece una estructura invariable de piezas i se regulariza mecánicamente la relación entre las partes de un tema. A la vez, utiliza, como recurso de tensión, el riff (frase rítmica corta repetida muchas veces).

El swing ha llevado también a la consolidación de los registros altos de los instrumentos, con presencia sobre los bajos o, incluso, sobre los medios, cosa que condiciona notablemente el resultado sonor del conjunto, alejándose de la opacidad de timbres.

Y con el Swing llega el baile!

La música Swing se puede bailar de diferentes maneras: el Lindy Hop, el Charleston, el Balboa, el Blues o el Claqué son algunos ejemplos. Todos ellos surgieron en América de la mano de la cultura afroamericana alrededor de los años 20-30, y se extendieron posteriormente en Europa.

El Lindy Hop es un baile en pareja que nació en Harlem, Nueva York, y que enseguida se convirtió en algo muy popular en los Estados Unidos y se extendió rápidamente por Europa, a través de espectáculos de compañías profesionales, de películas y de los soldados americanos que participaban en los enfrentamientos bélicos de la época. El Charleston es un baile que puede ser individual o en pareja, el cual debe su nombre a la ciutat homónima de Carolina del Sur. Su estilo dinámico, espectacular y divertido se identifica con los “locos años 30”.

El/la Balboa tuvo su origen en la península de Balboa, al sur de California, cuando las salas de baile ya no podían aglutinar todos sus bailarines. En sus inicios, todos los pasos eran de posición cerrada, después el baile fue evolucionando y incorporó pasos de posición abierta.

El Blues también puede ser individual o en pareja, es tranquilo, de movimientos sensuaes y pasos lentos, donde existe mucho espacio para la improvización.

El Claqué es además de baile un instrumento musical y permite una grande improvización y creatividad. Se baila individualmente y su objetivo principal es hacer música con los piés con la ayuda de claquetas de metal especiales que se enganchan en la suela de los zapatos.

El Okupaswing es la versión del Lindy Hop que se empezó a bailar en 2012 en algunos centros sociales okupados y autogestionados de Madrid. Se caracteriza por una gran capacidad de improvisación, selecciones de temas bailables poco ortodoxas y entender la técnica como una herramienta y no como un fin en si mismo. No se descartan próximas okupaciones para abrir grandes pistas de baile que rompan con la monotonía y aburrimiento al que nos condena el Capitalismo grandes ciudades. “Si no puedo bailar, no es mi revolucion” decía con razón la anarquista Emma Goldman.

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